
Con la mira puesta en las presidenciales de 2027 y mientras tramita la eliminación de las PASO, el oficialismo intenta forzar un escenario de «grieta» contra Axel Kicillof. Sin embargo, los números frescos de un sondeo encienden las alarmas en los despachos oficiales sobre la verdadera utilidad de esta movida.
El diagnóstico pertenece a la consultora Management&Fit, que durante el último mes relevó el humor social, la aprobación de la gestión de Javier Milei y, fundamentalmente, midió cuál es el fantasma político que hoy asusta más a los ciudadanos en el cuarto oscuro.
Este indicador resulta vital, ya que en los últimos turnos electorales el voto «en contra de» demostró tener mucho más peso y capacidad de movilización que el entusiasmo por una propuesta propia, volviéndose el factor determinante en cualquier instancia de balotaje.
La estrategia oficial quedó expuesta con las recientes críticas coordinadas de figuras como Diego Santilli o Martín Menem hacia el gobernador bonaerense, apuntándolo como el enemigo perfecto para edificar su propia narrativa de campaña.
No obstante, el estudio advierte que forzar esta confrontación podría ser un tiro en el pie: con un rechazo a la gestión nacional que toca el 58,2% debido a la crisis del bolsillo, el temor a que el actual presidente sea reelecto supera por seis puntos al miedo de un retorno peronista.
Al ser consultados sobre los escenarios de cara a 2027, el 44,3% de los encuestados admitió que le preocupa más la continuidad de Milei, frente a un 38,6% que teme la vuelta del kirchnerismo. Esta brecha negativa sugiere que la polarización extrema podría terminar dándole la espalda a la Casa Rosada.
El desglose de los datos muestra que el rechazo a la reelección se profundiza en las mujeres y en los segmentos de menor nivel educativo, mientras que entre los menores de 40 años y los sectores de instrucción alta los números se vuelven extremadamente parejos y competitivos.
A pesar de este escenario adverso para el oficialismo, la oposición peronista está lejos de cantar victoria debido a sus feroces internas de liderazgo entre el kicillofismo y el ala dura de Cristina Kirchner, quienes amenazan incluso con romper y presentar listas separadas.
Esa debilidad estructural y la falta de un frente unificado representan hoy el principal salvavidas político de Milei, permitiéndole compensar el desgaste que genera una economía familiar que todavía no percibe los brotes verdes prometidos.
En limpio, el recurso de agitar el fantasma del pasado parece estar perdiendo la efectividad de antaño y podría volverse un boomerang peligroso si el peronismo logra ordenar sus filas antes de los comicios.
El informe de la consultora también indagó sobre el deseo de estabilidad o de un golpe de timón político, una variable que anticipa con bastante precisión el comportamiento de los votantes ante una eventual segunda vuelta.
El núcleo duro que respalda ciegamente al Presidente se ubica en un 14,6%, a lo que se suma un 26,8% que apoya la continuidad pero reclama correcciones. Del otro lado, un contundente 55,4% exige un cambio absoluto de rumbo, consolidando un piso opositor muy elevado.
El desplome en los indicadores económicos y el impacto de los recientes ruidos políticos en el entorno presidencial como los cuestionamientos éticos a ciertos funcionarios ayudan a comprender el avance del descontento.
De hecho, ante la consulta sobre si los episodios bajo sospecha debilitan la credibilidad en el Ejecutivo, un aplastante 71,2% respondió de manera afirmativa, confirmando que el capital de confianza inicial empieza a mostrar fisuras.
En el termómetro de popularidad, Patricia Bullrich y Diego Santilli se mantienen como las figuras de base oficialista con mejor consideración neta, dejando relegado a Milei al séptimo lugar del ranking general, incluso por debajo de los principales referentes opositores.
El cálculo se basó en el balance neto entre aceptación y rechazo, donde Bullrich lidera con -14% de diferencial y Kicillof la escolta de cerca con -14,9%, mientras que el Presidente queda rezagado con un saldo negativo de -21,8%.
En la tabla intermedia se anotan el santafesino Maximiliano Pullaro con -17%, Myriam Bregman con -17,1% y Cristina Kirchner con -18,1%, evidenciando el desgaste generalizado que sufre la cúpula política nacional.
El bolsillo será el gran elector. Tanto en Balcarce 50 como en las oficinas de la oposición tienen claro que el futuro político del Gobierno depende exclusivamente de que la ciudadanía empiece a notar una recomposición real de sus ingresos.
Por ahora, la realidad muestra otra cara: el 40,7% evalúa su economía personal como mala y la desaprobación general del Gobierno trepa a un récord para esta medición, impulsada por el peso de la inflación y las nuevas tarifas en la vida cotidiana.
A nivel país, el costo de vida y las tarifas lideran las preocupaciones con el 22,4%, seguidos por la corrupción con el 20,6%, mientras que la desocupación y la pobreza completan el mapa de alarmas sociales.
En el plano estrictamente familiar, los problemas se traducen en la imposibilidad de llegar a fin de mes (23,9%) y los salarios deprimidos (19,4%), lo que empuja a muchas familias a situaciones de endeudamiento para cubrir lo básico.
La estadística más cruda señala que al 52,1% de los hogares los ingresos fijos ya no les alcanzan para cubrir sus necesidades mensuales, obligándolos a hacer malabares o enfrentar privaciones severas.
El humor de este segmento asfixiado económicamente definirá las urnas. Por eso, aunque los números actuales demuestren que la polarización ya no es un cheque en blanco, el oficialismo insistirá en usar al kirchnerismo como espejo para intentar forzar un desenlace favorable.